pastoral juvenil vocacional

El proyecto de PJV y la vocación cristiana

El objetivo principal de la PJV es procurar que “la persona sea conducida por el Espíritu Santo a cultivar su propia vocación según el Evangelio”. La Pastoral Juvenil Vocacional (PJV) debe ayudar a los jóvenes a descubrir sus potencialidades y a reconocer el plan de Dios sobre ellos. Desde la maduración en la fe se presentará a los jóvenes los diferentes estilos de vida y las diferentes vocaciones eclesiales.
La vida cristiana en sí misma tiene un carácter esencialmente vocacional y su fundamento es el bautismo. A través del bautismo la persona queda incorporada al Misterio de la Salvación; la vocación a la santidad y la vocación al servicio de la salvación universal, manifiestan una doble y complementaria vocación. Por el bautismo hemos sido llamados a ser cristianos. Vivir la vocación cristiana es aceptar el plan de Dios sobre la persona.
Vivir esta vocación cristiana lleva consigo el seguimiento de Jesucristo, y éste se puede realizar de diversas formas o estilos de vida. Una de ellas es la vocación religiosa.
El carmelita en la PJV ayuda y acompaña al joven a descubrir sus propios valores y a orientar su vida hacia aquellos ministerios en la Iglesia para los que está siendo llamado por Dios.

Los iconos de SANISI

La teología litúrgica distingue entre un icono y un cuadro de temática religiosa. El arte sagrado del icono, trasciende el plano emotivo que actúa por la sensibilidad y suscita el sentido místico.
En la iglesia de Oriente para la pintura de un icono es necesaria la intercesión de un obispo. No se puede pintar, que es una forma de evangelización, sin el envío de un obispo o de un presbítero.
Los pintores viven éste tiempo ayudados por el ayuno, la oración y los sacramentos.
Ningún pintor puede inventar nada, la visión del artista debe ponerse por detrás de la visión de la Iglesia, como forma de predicación y expresión de dogmas. Lo que el Evangelio nos dice por la Palabra, el Icono nos lo anuncia por los colores y nos lo hace presente (Concilio de Nicea – 787 dC). La representación de los misterios de la fe está definido por los teólogos; cómo la biblia no admite la interpretación privada, sino que es la iglesia la que tiene la recta interpretación, así también la pintura en oriente.
Una vez terminado el icono es presentado a la Iglesia, y por la oración del Presbítero durante la invocación del Espíritu Santo, convierte el Icono en “icono milagroso”.
¿Qué quiere decir icono milagroso? cargado de presencia; el icono es una Teofanía, una manifestación de Dios al hombre.

La Virgen del Carmen y San Elías son dos figuras importantes para SANISI.
Aquí podéis leer los comentarios de Amparo Martínez Monleón, autora de los iconos. Como ella, también os invitamos a poneros ante ellos, a rezar con ellos y dejar que se os muestre a través de ellos el Amor que Dios nos tiene.

Virgen del Carmen

En las imágenes bizantinas, encontramos dos tipos de iconografía de la Madre de Dios, la Eleúsa o de la ternura y la que indica el camino o Odegetría.

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San Elías

Su nombre es ELIYAHU, que significa:
“Mi Dios es Yahveh”
Refleja su carácter como un hombre dedicado a Dios.

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Virgen del Carmen

En las imágenes bizantinas, encontramos dos tipos de iconografía de la Madre de Dios, la Eleúsa o de la ternura y la que indica el camino o Odegetría.

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La vocación a la vida carmelita

El carmelita vive “en obsequio de Jesucristo”, en actitud contemplativa, en comunidades orantes, fraternas y proféticas en medio del pueblo. En respuesta a su vocación, el carmelita, inspirado por María y el profeta Elías, busca:
– Ofrecer a Dios un corazón nuevo y una recta conciencia (cf. Regla).
– Vivir con los sentimientos de Jesús y servir a los hombres.
– Manifestar el rostro de Dios en el mundo. El carmelita busca el rostro de Dios, leyendo las situaciones del hombre de hoy y poniéndose al lado de los más débiles.
– Siendo testigo del encuentro con el Señor y actuando con un espíritu profético.
Y quiere ser una persona para quien:
– Dios constituye un absoluto en su vida.
– Orienta su trabajo apostólico favoreciendo la búsqueda de Dios, la vida de oración en el pueblo cristiano y el amor a María.
– El amor es el constructor de la paz y de la fraternidad en oposición a la violencia.
La oración le transforma y libera y, a su vez, trata de liberar a los demás. Su compromiso de servicio con los más pobres es expresión concreta del deseo de vivir en obsequio de Jesucristo.

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