Icono de San Elías

El icono muestra al profeta Elías sentado frente a una gruta, alimentado por un cuervo. Dios se ha encolerizado debido a la impiedad, a la apostasía, el declive moral y religioso de Israel durante el reinado de Ajab, e impone a Israel tres años de sequía. Elías se encarga de anunciarle éste castigo y obedeciendo la palabra de Yahveh se retira a una gruta cerca del torrente Kerit, “Sal de aquí, dirígete hacia oriente y escóndete en el torrente de Kerit que está al este del Jordán. Beberás del torrente y encargaré a los cuervos que te sustenten allí”, “Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde y bebía del torrente” (1R. 17, 3. 6)
En la epístola de Santiago dice: “Elías era un hombre de igual condición que nosotros” (St. 5, 17). Es la forma en que expresa que era un hombre normal, con una naturaleza caída. No era un superhombre, pero estaba seguro de tres cosas: Dios vive, Dios es el Rey Soberano y la Palabra de Dios es verdad.
Kerit significa separación, lugar dónde la roca ha sido separada o dividida para dar lugar a la corriente de agua. Aquí podemos encontrar similitud con otra fuente de agua viva, una que brota del costado de Cristo tras ser su carne separada.
Elías tuvo que aprender a depender de Dios para obtener comida y bebida, las necesidades básicas del ser humano. Un recordatorio diario de su frágil humanidad, “llevamos éste tesoro en vasos de barro” y del poder milagroso de Dios. Elías aprendió en Kerit quién era Dios realmente, allí descubrió la Misericordia de Dios.
Amparo Martínez Monleón